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Maruja Luminosa

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La veo acercarse desde el otro lado del vidrio. Maruja Bustamante me abre la puerta, sonríe y me doy cuenta que sus ojos grandes transmiten la misma tranquilidad que su caminar. Entramos por un pasillo largo y subimos unas escaleras hasta el primer piso. Me cuenta que acaba de llegar de su clase de natación y se suelta el pelo larguísimo, todavía algo húmedo. Va a sacar la malla del bolso, vuelve, nos sentamos en un mesita que está justo abajo de su colección de chanchos y prendo el grabador.

Con Muscari te desnudaste en escena y  me parece que hacer Maruja Enamorada también es desnudarte pero desde otro lugar. ¿Cuál de los dos fue más difícil?

En los dos tuve que pasar por una transición de dolor. Yo fui a un casting de Muscari a buscar eso, a tratar de ver qué me pasaba con mi cuerpo. Porque siempre era el objeto del problema. Entonces pensaba, qué pasa si lo muestro. Yo no me ponía malla delante de mis amigos, no me metía a la pileta. Desde los 14 años que no iba al mar. Todas esas cosas me hacían mal y yo necesitaba resolverlas porque si no me iba a esconder cada vez más. Y, de hecho, no fue algo instantáneo. Recién hace tres años que vamos con mis amigos a una pileta y yo efectivamente me meto al agua. Por eso para mí es importante natación, porque tampoco me animaba a ir a nadar. Y me encanta. Yo nadaba mucho cuando era chiquita y dejé de hacerlo. Una cosa ridícula. Yo voy a natación y me siento feliz en el agua, pero antes no me podía poner la malla. Todo eso fue romper barreras. Y además, fue difícil que vayan mis amigos, porque me iban a ver desnuda. Y, en este sentido, con Maruja Enamorada me pasa algo parecido. Yo nunca cuento si me enamoro de alguien, nadie sabe nada de mí. Entonces era fuerte para mí de repente contar. Me encargué de que algunos amigos muy queridos o que los nombro en la obra vengan a pasadas de piso, antes del estreno. Por ahora no quiero que venga mi familia. Mis hermanos no saben algunas cosas y que se los diga en una obra de teatro me parece un poco violento, prefiero que no vengan. Pero si tengo que comparar, lo que me pasó con Maruja Enamorada fue más fuerte. Tuve un pico de estrés, me angustié, pensé que no íbamos a poder estrenar. Una amiga psicoanalista me dijo que tenía que atravesar el dolor y que después ya pasa. Y fue así. Los primeros días con público fueron duros. Y después ya no. Es una obra de teatro al fin y al cabo. Está muy ensayada, está todo pautado y escrito.

¿Cómo vivís esto de actuar de vos misma?

Yo tengo mucha formación, lamentablemente, en el método Strasberg. Siempre estoy en un borde cuando estoy actuando. En Doberman, pensaba, esta tipa la está pasando muy mal, está empastillada. Cuando yo creo en eso, ese llanto que me viene es Maruja angustiada por lo que le pasa a Mirna. Y en Maruja Enamorada, depende en qué momento. Todo el primer bloque, que es un poco más divertido y van pasando los noviecitos de la infancia, hay momentos en los que actúo. O sea, están pactados. Pero ya cuando se empieza a meter con cosas muy reales, sí, me conmueve. El casette con la música que me grabaron, es la real y yo estuve ahí mientras él la tocaba. Se me vienen a la mente todas las imágenes de ese día, no te voy a mentir. Mi mamá y me papá bailando, es fuerte. Pero lo loco es que cada vez me conmueve algo diferente. A veces me doy cuenta de cosas o me acuerdo de algo que no estoy diciendo. Pero trato de estar muy presente, porque si me engancho con algo por ahí no puedo seguir. En ese sentido, yo creo que estoy actuando. Además, Vivi no me deja engancharme. Las direcciones son muy concretas y de repetición, acentuándome que estoy repitiendo y que por eso es teatro. Y de esa forma me cuida. Igual, yo hago un mantra antes de empezar que dice: “teatro teatro teatro acá, teatro acá, acá hay teatro”. Empiezo a saltar por todo el escenario diciendo eso. Para reafirmar que es un teatro y que estamos haciendo teatro. No hay que ser débil, porque si uno se quiere victimizar es muy fácil siempre. Y no era la idea. La idea era hablar del amor, de las cosas que yo no hablo y probar qué pasa con el biodrama. De todas maneras, me doy cuenta de que no tengo conciencia de lo que se ve. La última función estuve muy tranquila y la disfruté. Y unos amigos míos me preguntaron si yo quería que vengan todos los domingos a cuidarme. Pensé, debe ser muy fuerte. Deben pensar que me está por pasar algo en ese momento. No, no me estaba pasando nada.

¿Por qué lo elegiste a Iti?

Vivi me dijo que quería que me acompañe otro actor. Y a mí me dio un poco de fobia tener que contarle todo a un X. Entonces le dije que yo tenía una banda, algo chiquito, y que por ahí estaría bueno hacerlo con él. Además, le dije que si estaba él yo estaba tranquila. Porque es la verdad. Lo que más me divierte últimamente es cantar con Iti. Entonces pensé que era la mejor persona para que me acompañe. De todas formas, con Iti hubo pequeñas barreras. Cuando le tuve que decir que estaba enamorada de él y que lo tuve que trascender, porque lo quiero igual y porque él es muy bueno. Ese fue un momento. Quise transformarlo en otra cosa y surgió lo de la banda. Y después, elegirlo para que me acompañe en Maruja Enamorada implicó que se enterara de un montón de cosas que no sabía. Se armó algo mucho más profundo entre nosotros dos porque fue de alguna manera el elegido para escucharlo todo.

¿Cómo surgió la idea de hacer una obra con el formato y el contenido que tiene La leyenda de Lis Chi?

A mí me encanta el entretenimiento y lo colorido. Lis Chi tiene mucho de eso y, además, pude  meter ahí otros intereses míos. Qué pasa en diferentes provincias, por ejemplo. O la diversidad, que es algo que yo siempre defendí. Me parecía que era mi oportunidad. Todos amagaban con hacer un infantil gay, pero nadie lo hacía. No hay que estar diciéndolo. Yo puse a una trans y a un gay como personajes. Y no le pedí permiso a nadie, ni les avisé a los del 25 de Mayo. Quería que sea algo normalizado. Eso lo aprendí cuando fui a España con Plan V.  Así como para nosotros decir normalizar suena fuerte, medio a dictadura, para ellos normalizar se relaciona con equilibrar. Habían logrado que el Estado los apoyara con las leyes, pero seguía habiendo homofobia. Entonces hablaban de normalizar en el sentido de mostrarse de forma amigable y dejar en claro que no pasaba nada malo realmente. Y a mí me interesó lo que hablaban. En ese momento, yo hacía muchas cosas queer y LGBT. Y cuando abrimos La Casona Iluminada, Monina me preguntó cuál era nuestra identidad.  No es ni gay friendly ni hetero friendly, le dije. Es un lugar al que pueden venir todos a ver espectáculos, a tomar cursos o a una fiesta diversa. Basta de ponerle nombre, estamos todos. Es normalizar en ese sentido. Lo mismo yo quise que pase en Lis Chi. En la obra todos son y conviven con otras personas. Al fin y al cabo, todos somos diferentes.

Recién nombrabas a Plan V, ¿Tenés ganas de volver a hacer algo que se relacione con lo audiovisual?

A mí lo audiovisual me gusta mucho. Plan V fue un proyecto hermoso y me trajo muchas cosas, pero nos costó mucho esfuerzo y mucha plata. Y nadie nos reconoció. Quedamos decepcionados porque peleamos mucho para que no nos diera bolilla nadie. Hicimos una campaña para que nos pasen por Canal 7 en la semana del Orgullo Gay, no nos aceptaron. Salían notas sobre series web en los diarios, no nos llamaban. Le pedimos al INADI que nos firme una carta apoyándonos para poder nosotros buscar otros apoyos, nunca la firmaron. Ya no sabíamos más que hacer. Era surrealista. Incluso el nicho que nos miraba, que podríamos decir que eran las lesbianas, fue bastante hostil. La serie tiene 5 millones de usuarios en Internet. Entonces, en un momento se nos ocurrió hacer un crowdfunding para poder financiar algunas cosas. Y nos empezaron a llegar muchos mensajes personales y a la página con quejas, preguntando por qué no la seguíamos haciendo gratis, a pulmón, como la hacíamos siempre. Como si tuviésemos que ser las superheroinas de la web. Eso sí nos hizo enojar, bastante. Sentimos que ni siquiera las fans nos apoyaban realmente. Que lo único que les importaba era abrir un video y ver a una piba dándose un beso. Empezamos a pensar cualquier cosa y nos dejó de gustar en absoluto. Tal vez lo que dicen algunas chicas militantes es cierto. Que la lesbofobia es muy fuerte, mucho más fuerte que la homofobia masculina. Si es así, creo que estamos en problemas. No sé, todo eso que no lo pensaba al principio lo empecé a pensar.

¿Vas a ver teatro?

Sí, voy.

¿Cuál fue la última obra que viste?

Creo que fue Apátrida. No, la última fue Línea de Cajas.

¿Hay algo que tenga que tener una obra para que te cope?

Yo tengo que creer. Si veo que están en una pose, no me gusta. Muy raro que yo salga de una obra diciendo que es una mierda, siempre le busco el lado positivo. Pero me gusta cuando es genuino, cuando veo que se están divirtiendo, cuando creen en lo que están haciendo. Me gustan los buenos textos, tengo el oído atento. Yo voy a ver una obra y la escucho además de verla. Si es un buen texto, por más que esté flojo lo otro, la paso bien. Disfruto del dramaturgo. También disfruto de los buenos actores. Además, me gusta todo tipo de cosas. No es que tiene que ser narrativa, o contar una historia o ser comedia. Yo miro todo. Me gustan bastante las instalaciones, las performance. No me gustan los chantas. Como a todos supongo. Como que hay algo ahora de que el que hace algo diferente ya es un capo. No, no lo creo así.

En relación al futuro, ¿Qué te gustaría hacer o qué te gustaría que te pase?

El otro día estaba pensando justo eso, qué me gustaría. No sé, después de hacer un biodrama tengo la cabeza muy revolucionada. Pienso que el teatro puertas adentro es un lugar casi tabú. Es difícil entrar, sentarte en la butaca. No entra cualquiera. Mi hermano, por ejemplo, no entra solo. Me gustaría hacer un carnaval, sacar el teatro a la calle. Ahora tengo esa inquietud, ver qué pasa con el lugar de encuentro. Hay otros que eligen hacer teatro para teatreros y para intelectuales. Y está bueno porque yo voy a ver una obra de ellos y  me emociono. Pero a mí me gustaría hacer obras para que las vean todos. Yo primero lo decía de la boca para afuera, pero seguía tratando de hacer otra cosa. Y ahora cada vez me convenzo más. Estar en un círculo de personas para hacer obras para esas personas… Me parece hasta raro esto de aplaudirnos entre nosotros. Me parece más raro eso a que venga una señora y no entienda porque puse un pájaro en una comparsa mientras alguien recita un poema, por decir algo. Me gustaría aprender a pintar mejor, actuar en cosas que me gusten, dirigir una película. En el futuro espero no perder el deseo de hacer cosas. Ahora que estuve en un momento en el que medio me deprimí y no tenía ganas de hacer nada, pensaba qué horrible era estar así. Era muy angustiante. Eso me gustaría, no perder el deseo de hacer.

Apago el grabador y saco de la mochila un pequeño regalo de agradecimiento: una libreta rosa con forma de chancho. Una sonrisa repentina le ilumina los ojos. Agarra el anotador, lo examina unos segundos, le da un besito y lo lleva al estante que está justo arriba de la mesa en donde habíamos estado sentadas casi una hora. Con cara de contenta, dice que el chanchito es muy lindo y me agradece. Es que, aunque a veces lo disimule muy bien, Maruja es una niña habitando un cuerpo que le queda grande. La luz de su mirada la delata.

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