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“Todos mis espectáculos están atravesados por un universo musical”

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Mariela Asensio habla rápido, se ríe, reflexiona. Un viernes de mayo, sentada en una de las mesas del bar del Konex, charló con nosotros y nos contó sobre su admiración por la feminista Naomi Wolf, su adolescencia atravesada por las obras de Veronese y su fantasía sobre escribir poesía.

¿Cuál es el sello Asensio en tus obras?

Me cuesta definirlo. Tal vez, eso es algo que podría decir el que va a ver las obras. De todas maneras, no voy a pecar de ingenua. Sé que hay cosas que se reiteran. En principio, por ejemplo, algo que aparece mucho en mis obras tiene que ver con la música. Todos mis espectáculos están atravesados por un universo musical. En algunos obras está más adelante ese universo que en otras, pero en todas siempre hay un relato que se construye a través de la música. En “Lisboa”, el fado; en “Hotel Melancólico”, la guarania paraguaya; en “Mujeres en el Baño”, el pop; en “Mujeres en el Aire”, el rock. Hay algo del orden de lo musical que a mí me resulta muy orgánico a la hora de crear. También hay algo en la temática, que se reitera bastante, que tiene que ver con un universo relacionado a ciertas formas de la violencia pero con humor. Mis obras, en general, hablan desde la violencia del desamor, del cuerpo violentado. Pero nunca desde la solemnidad sino desde el humor o la ironía. Podríamos decir que pueden existir puntos de contacto entre las cosas que hago. Por ejemplo, ahora justo analizaba que hay dos obras mías en cartel: “Mujeres en el Aire” y “Lisboa”. Y las dos son super diferentes. Nada que ver en cuanto a lo que cuentan, cómo lo cuentan, el formato en el que están hechas, dónde. Y, sin embargo, hay algo en lo que se parecen dentro de esa gran diferencia. Y es que las dos están atravesadas por un discurso musical y en las dos aparece el cuerpo de la mujer atravesado por algún tipo de violencia.

En relación a lo del cuerpo de la mujer, hay un discurso feminista que aparece en casi todas tus obras. En varias entrevistas que te han hecho citaste a Naomi Wolf y te referiste a su libro “El mito de la belleza”. ¿Sentís que de alguna manera te identificas con ella?

Lo que me pasa es que me siento muy familiarizada con su discurso. Le pone palabras de una manera magnífica a un montón de cosas que yo pienso. Quizás, no tengo la lucidez que ella tuvo para decirlo, para expresarlo. Entonces, de alguna manera, ella me ayuda a poder pensar y conceptualizar algunas cosas. Concretamente, hay una reflexión que ella hace sobre el capitalismo y sobre el patriarcado capitalista en la que yo concuerdo plenamente. Y, de hecho, “Mujeres en el Aire” toma ese discurso para encarnarse en una obra. Si pudiera definir “Mujeres en el Aire”, diría que es una crítica a la mercantilización del cuerpo de la mujer, a la utilización del cuerpo como mercancía. Hay algo que ella dice, que me parece super coherente, que es que el sistema capitalista nos necesita consumistas. Y, para que nosotros consumamos, necesitamos sentirnos frustrados. Porque en la medida en que estamos frustrados, creemos que necesitamos un montón de cosas que en realidad no necesitamos y consumimos. Esto, en relación a las mujeres, se potencia enormemente. Porque la industria de la belleza, y el mito de la belleza en sí, está basado en una industria millonaria que consiste en un ideal inalcanzable, que no existe, que es un invento capitalista. Y la obra toma esa idea. Con mucho show, con mucho humor y con mucho punch, hace una crítica a la mercantilización del cuerpo femenino y de la vida de las personas en general. La mercantilización de todo. De alguna manera, me revelo ante eso. Obviamente, también siendo parte. Porque siempre digo que las obras que hago, no las hago porque superé algo entonces hablo de eso. Sino que todo lo contrario. En general, las obras que hago hablan de algún dolor muy genuino que intento transformar. Por eso, siempre tienen bastante humor. “Lisboa” es una obra terrible y la gente se caga de risa. Yo me cago de risa viéndola. Como que hay algo de lo que me duele que intento poetizarlo y se revela de forma graciosa. Por ejemplo, en “Hotel Melancólico” era terrible ver lo que le pasaba a la mujer perro, pero a la vez era super divertido ver un perro deambulando por el lugar. “Mujeres en el Aire” es un espectáculo basado en la idea del entretenimiento pero que a la vez está hablando de cosas tremendas. Entonces, esa dualidad, esa contradicción, entra en juego de una manera muy concreta en la obra. La gente entra con ganas de reírse. La obra es divertida. Pero después se empieza a filtrar otra cosa.

¿Cómo surge la idea de la trilogía?

Cuando empecé a trabajar sobre la idea de “Mujeres en el Baño”, me di cuenta que había muchos temas que quería abordar. Y que abordarlos en una sola obra, era un atentado hacia cualquier idea creativa. Entonces, me pareció que tenía que desdoblarlo. Y, en este caso, fue triplicarlo. De ahí surgió la idea de la trilogía. “Mujeres en el Baño” abordaba el tema de la mujer en lo íntimo, en la relación con el cuerpo pero en el plano de lo privado. En “Mujeres en el Aire” aparece la mujer pública, el cuerpo público, las relaciones mediatizadas. La tercera parte, “Mujeres en ningún lugar”, va a abordar directamente el tema de la prostitución y la trata. Y si bien todavía no me puse a trabajar en ella, tengo claro que la voy a enfocar desde el lugar del cliente. Lo que voy a cuestionar desde la obra es el rol del hombre que consume prostitución. Que en definitiva es lo que me interesa cuestionar. Lo que esta más naturalizado en la sociedad es que un hombre consuma prostitución. Y justamente para mí, lo único que no puede faltar y que se necesita para que exista la mafia de la trata de mujeres es el hombre que consume. Entonces, en ese sentido, quiero que recaiga la responsabilidad en ese hombre. Y que nosotras, como sociedad, empecemos a ver a esos hombres inmersos en nuestras vidas. A nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros maridos, nuestros padres como parte de una atrocidad, de una de las redes más siniestras que hay en el mundo y una de las más redituables económicamente. Además, cuando algo está muy naturalizado en la sociedad y se poetiza en una obra, se lo saca de contexto y adquiere una visibilidad que está buena. No es lo mismo verlo en televisión que verlo en el teatro. Aún así, cuando yo hago teatro no tengo tantas pretensiones. Uno crea porque quiere contar algo. De todas maneras, las obras se manifiestan cuando ya están hechas. Yo siempre conozco las obras que hago una vez que ya las hice, cuando las veo.

En una entrevista que te hicieron en 2011 para La Razón dijiste: “Recién cuando estreno una obra, descubro cosas que no me había dado cuenta, que surgen a pesar de mí, de mi intención y mi trabajo” ¿Qué descubriste en “Mujeres en el Aire”?

Lo que me pasó en “Mujeres en el Aire” fue que, si bien yo siempre tuve claro lo que quería contar,  no me había dado cuenta de la crudeza que tiene la obra hasta que la vi. La obra es un show, tiene un montón de canciones, tiene un sentido visual enorme, tiene humor. Pero tiene una crudeza que yo no había visto. Me di cuenta que la obra no es sólo el show que yo pensé que era. También es un discurso político. No me había dado cuanta que es una obra muy politizada. De todas formas, yo pienso que lo personal es político inevitablemente. Y eso se filtra en lo que uno hace, a pesar de que no haya tenido la intención de hacer una obra que sea política. No es algo que me proponga sino que va sucediendo. El teatro es increíble en ese sentido.

¿Qué es la dirección para vos?

Para mí la dirección está basada en la toma de decisiones. Creo que un director o una directora básicamente lo que hace constantemente es estar tomando decisiones sobre diferentes cosas. Y en esas decisiones que va tomando, se va moldeando lo que va pasando con eso que se está haciendo. De todas maneras, yo puedo hablar de la dirección que hago yo. Porque cada director tiene una manera tan particular de ser, que tal vez la dirección se transforme en otra cosa depende quien dirija. En mi caso, siempre trabajo sobre lo que los actores son y tomo lo que ellos me proponen. Entonces, mi imaginario se ve multiplicado por el de los actores. Me parece que si yo me quedara sólo con mi idea original, todo sería muy chato. Justamente lo interesante es que esa idea original choque con lo que el actor realmente es, se fusione. Y ahí aparece el verdadero material. Pero en mi dirección son bastante monárquica, trato de abarcar todo, soy bastante totalitaria. Me hago cargo de eso. Tengo bastante claro hacia donde quiero ir y, si bien me voy adaptando, tomo decisiones constantemente a partir de lo que creo. El director es el que coordina, el que motiva, el que conduce. Y para conducir hay que decidir.

¿Cuándo decidiste ser directora?

Yo empecé a dirigir porque quería actuar. Me forme primero como actriz. Y siendo muy jovencita, como quería actuar, se me ocurrió hacer una obra. Y como para hacer una obra había que escribirla  y después había que dirigirla… Mis primeras experiencias como directora y dramaturga fueron con una actriz que se llama Valeria Alonso, que hoy actúa en “Mujeres en el Aire”. Después me di cuenta que la idea de la creación era lo que me interesaba. Yo no me defino ni como directora ni como dramaturga. No concibo una cosa sin la otra. Es ese sentido, me interesa la totalidad de la creación. Empecé a escribir para poder dirigir, y empecé a dirigir para poder hacer lo que escribía. Como un combo medio mezclado. Y un día me di cuenta que lo que mas me gustaba hacer era pensar ideas, plasmarlas y realizarlas. No me interesaba quedarme sólo con la actuación. Durante mucho tiempo no actué, después volví actuar. Pero la actuación siempre está como en un segundo plano, no protagoniza en mi vida. Al menos por ahora. El protagonismo se lo doy a las obras que voy dirigiendo.

¿Cómo llevás a cabo una obra?

Cada proyecto es diferente porque pide algo diferente. Por ejemplo, “Lisboa” lo escribí, estuvo mucho tiempo guardado como texto, un día decidí que lo iba a hacer, convoqué a algunos de los actores, para otros hice un casting, busqué los medios para producirla, busqué un teatro y empecé a ensayarla. Todo de forma independiente. Con “Mujeres en el Aire”, en cambio, salí a buscar concretamente al Konex para que me ayude en lo económico con la idea de que sea una co-producción, que es lo que realmente es. Cada proyecto es diferente y depende de lo que cada uno quiera hacer. Eso, a nivel producción. A nivel creativo, lo que hago es siempre tener un texto escrito y sobre el texto empezar a trabajar de una manera muy concreta. En general, me apoyo mucho en la puesta en escena. Voy armando la carcasa y después los actores la van llenando con su actuación. Y ahí voy modificando o agregando lo que quiera. En general, trabajo de una manera muy pragmática. Y dentro de eso se va armando una manera de experimentar. Pero siempre dentro de un margen muy concreto.

En el casting que hiciste para “Lisboa” se postularon 1200 personas de las cuales quedaron 7. ¿Cómo lo hiciste?

Yo venía de la experiencia de hacer un casting para “Mujeres en el Baño” y estaba bastante entrenada.  La obra tiene además un elenco en México para el que hice un casting vía Skype, así que soy experta en castings. Es un trabajo en equipo. Me ayudaron mi productor y mi asistente, no lo hice sola. Hay un primera instancia que es a partir del material que envían los actores. Por ejemplo, en “Lisboa” era determinante cantar y saber tocar un instrumento y, además, los personajes tiene un fisic du rol muy definido. Ahí se hace un filtro enorme.  De ese primer filtro quedaron trescientas y pico personas, que son las que vi. Las vi en grupos y quedaron algo así como sesenta. Y después las vi un poco más de tiempo e individualmente. Así, hasta llegar a las que son. Guiándome un poco por la intuición, que a veces funciona y a veces no. Pero en esta obra funcionó porque es un elenco perfecto. El de “Mujeres en el Aire” también lo es. Pero acá no hubo casting. Llamé directamente al equipo. Es un trabajo bastante arduo al que hay que dedicarle tiempo y mucho amor, porque trabajas con personas a la que hay que cuidar. Pero vale la pena. El casting te da la posibilidad de conocer gente que quizás de otra manera no podrías conocer. Es muy interesante poder abrir los espacios.

¿Cómo es trabajar con un amigo?

Trabajar con Muscari es espectacular. En principio, trabajamos juntos hace muchos años en todos los roles que te puedas imaginar. El dirigiéndome a mí, yo dirigiéndolo a él, yo produciendo, él produciendo, actuamos juntos. Hemos hecho todo. Siempre nos divertimos, la pasamos muy bien. Básicamente, trabajar juntos nos divierte, porque nos divierte estar juntos en la vida en general. Y trabajar con él es un placer. Él es super talentoso. A diferencia de lo que muchos creen, él como actor es muy permeable. Es un actor más, abierto y super entregado a mi propuesta. Por eso es que creo que está tan logrado lo que hace. Y la verdad es que la pasamos bien, trabajar juntos es divertirnos. Esta basado exclusivamente en la diversión. No existe otra cosa.

¿Qué directores y dramaturgos influyeron en vos?

Lo que se me viene a la mente son las obras que me influyeron. Cuando yo empecé a estudiar era el momento en el que Veronese estaba en todo su esplendor, esa época experimental de El Periférico de Objetos. Y empecé a ir a ver esas obras. Yo estudiaba un teatro más convencional y de repente fui al Cervantes a ver “Circo Negro” (1996) de El Periférico de Objetos. Y me volví loca. Loca literalmente. Para bien. Tengo muy presente toda esa época porque a mí me despertó mucho eso que veía. En principio, porque me hizo rápidamente ver, siendo muy joven, que el teatro no era sólo lo que a mí me estaban enseñando. Sino que el teatro era algo mucho más infinito. Bartís con “El Corte” (1996), el Teatro de los Andes. Hay un montón de artistas, de autores, de directores que me aportaron mucho. Sobre todo porque yo veía mucho teatro. Creo que las del San Martín me las vi todas. Tengo el recuerdo de ver “Otros Paraísos” en el San Martín con Cristina Banegas y Norman Briski o “Las personas no razonables están en vías de extinción” de Peter Handke dirigida por Roberto Villanueva. Hoy pienso lo que vi y me siento afortunada. Y todo ese teatro me influenció, me ayudó, me sirvió. En general, yo tengo una miraba muy positiva del teatro en Buenos Aires.  Todo lo que veo siempre por algún lado me aporta.

¿Y últimamente que viste?

Últimamente tengo un hijo de dos años así que no estoy viendo casi nada. Pero una artista que me gusta mucho, actual, joven es Maruja Bustamante. Le auguro una carrera espectacular. Siento que dentro de 30 años Maruja va a ser LA dramaturga de Argentina. Tengo esa sensación. Muchas cosas me gustan, siento que hay mucha personalidad en lo que se hace acá. Hay búsqueda y soy optimista. Me gusta lo que pasa. Algunas cosas me gustan más, otras menos. Pero yo no busco un teatro perfecto. Para mí no existe la perfección. No voy a ver obras perfectas porque yo no hago obras perfectas. Esa sensación de ir a ver algo esperando que sea espectacular me pasaba cuando era adolescente, no ahora. Cuando uno empieza a hacer teatro, la perfección ya no te interesa más. Te das cuenta que pasa por otro lado. Pasa más por una búsqueda, no sé,  por otros lados que no tienen nada que ver con la perfección. Voy a ver cosas diferentes y me gustan. Y de todo aprendo algo. Aunque sea lo que no quiero hacer. Y también me gusta ver el teatro que no hago. Porque está bueno ver cosas que no son parecidas a lo que vos hacés. Ver otras miradas del teatro me parece interesante.

En relación al proceso de escritura, leí una frase tuya en la que decías que siempre al escribir una obra, hay un personaje que pensás que lo harías vos. ¿Quién serías en “Mujeres en el Aire”?

Es re loco, porque esta es la primera obra en donde no me vi. Pero si tuviera que ser una creo que seria renegada, el rol de Valentina Bassi, que es la que cuestiona, la quilombera. Mi naturaleza se parece más a eso. En “Hotel Melancólico” sería la mujer perro, el “Lisboa” sería la fanática del reggaeton, en “Mujeres en el Baño” seria la del ventilador. Lo que me pasa es que cuando las escribo me veo en uno de los roles, pero cuando las empiezo a ensayar no me veo más, desaparezco de una manera atroz. En general, porque quien lo hace es superador. Menos mal.

La temática de éste número de la revista es la relación entre la música y el teatro. Tus obras siempre tienen puestas de música en vivo y al principio de la entrevista decías que te resulta muy orgánica a la hora de crear. ¿Por qué?

Siempre digo que uno hace el teatro que puede, más que el que quiere. Y a mi me sale así, ni siquiera me lo propongo. No es que me planteo indagar con la música. Yo escribo una obra y en un momento aparece la música en vivo. A veces, hasta me propongo hacer algo diferente. Pero me doy cuenta que me sale así. Es algo totalmente inherente a mi forma de escribir. No lo puedo evitar. Escribo con música. De hecho, mis textos son bastante rítmicos. Incluso, a veces riman. Hay una cosa de la musicalidad muy presente. En el caso de “Mujeres en el Aire”, la música es de Mauro García Barbé que es un músico espectacular. Siempre le pone música a las letras de a obras que hago. En “Mujeres en el Baño” hizo lo mismo y es increíble su trabajo. Hacemos una dupla que está buena, yo me siento muy cómoda trabajando con él. Muchas veces las obras se me ocurren primero por la música que van a tener. Por ejemplo, en “Lisboa”, antes de ser la obra que es con sus textos y personajes, era una obra que tenía fado. Y eso era así. Muchas veces la música hasta define qué obra voy a hacer. En “Mujeres en el Aire”, si bien la temática estaba clarísima para mí, yo quería trabajar el rock. Una música más dura, no tan feliz, más cruda. Y eso define bastante cómo es la obra, en todo sentido. En “Mujeres en el Baño”, por ejemplo,  yo quería trabajar sobre la idea de lo pop. Y eso también define lo que fue la obra. Hay algo en donde la música define mucho lo que hago. Y muchas veces con la pretensión de que haya una canción en escena, después se me ocurre la escena. Realmente la música es un gran motor para mí. Quizás porque en mis comienzos, haciendo un esfuerzo, recuerdo que mi intención de adolescente era dedicarme a la música. Ahora me parece raro pero en ese momento lo sentía así.

¿Qué pregunta te hubiese gustado que te hagamos?

¡Apa! Qué buena pregunta… Qué me gustaría que me pase. Eso. Bueno, una cosa que me gustaría mucho es editar un libro. Eso es algo que no me paso y que tengo muchas ganas de que me pase. En principio, lo que más tengo a la mano es la posibilidad de editar una obra. Pero en algún momento fantaseo con poder escribir alguna novela o poesía. Poder abocarme a la posibilidad de escribir. Meterme en el mundo de la literatura.

Nota publicada en “Monodramatikus, un extraño pasquín teatral” Nº3, “Música” en agosto de 2012.  http://issuu.com/monodramatikus/docs/monodramatikus_2/1?e=0

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